Acción política y/o acción social - I
Elobey Chico
El pasado jueves, 11 de febrero, el Centro de Estudios Nacional-Sindicalistas llevó a cabo, en la sede de la Vieja Guardia, una Mesa Redonda sobre la "Acción Política y/o Acción Social" dentro del ámbito político del falangismo.
A este Mesa de trabajo acudieron representantes de diferentes organizaciones, políticas, culturales y sociales como "Poesía que promete", "Gallos de Marzo", "Nudo Patriótico Español", "Falangistas Serranos", "SEU" y "FE La Falange". De las diferentes intervenciones de los representantes de estos grupos se pudo deducir la existencia de principios comunes a todos ellos, pero, a la vez, la existencia de diferencias irreconciliables, cuyo origen se encuentra, a mi modo de ver, más en complejos sociales que mimetizan la acción política y que se fundamentan más en glorificar las diferencias existentes que las analogías, cuando no en personalismos institucionalizados.
De todas las intervenciones no pude por menos que extraer una serie de consideraciones de carácter político sobre la Falange y el Nacional-Sindicalismo que voy a intentar desarrollar a continuación, contando, naturalmente, con vuestra amable complicidad. Naturalmente y lo primero hemos de felicitarnos de que una mesa redonda como ésta haya podido celebrarse con normalidad, pero desgraciadamente, tengo también que decir que la asistencia a ella me ratificó en la idea de que la unidad, hoy por hoy, es imposible y, que únicamente, ésta será posible a través de la difícil misión de que una de estas organizaciones cuente con un amplio apoyo social, lo que inevitablemente obligará al resto a integrarse o disolverse.
Política o acción social
El debate en la Mesa versó sobre la acción política del falangismo, en la que ante el fracaso político de las organizaciones y el continuo abandono de militantes de las mismas por la inoperatividad de la actividad y el personalismo, cuando no el cesarismo en la dirección política de los dirigentes, acompañados siempre de la duda y de la desconfianza hacen imposible la actividad política.
Tanto el fracaso político como la decepción, llevan a los falangistas a recorrer otros caminos para alcanzar los mismos fines. Es decir, la actuación social como forma política de la acción social abandonando la acción política.
Y yo, personalmente, creo que esta decisión es errónea por las siguientes razones:
- Por el olvido de que la acción política de la Falange tiene una esencia netamente social, como afirmarían los participantes en la Mesa al entender como fundamento de la acción política falangista la justicia social, como uno de sus principios doctrinales.
- Porque la penuria de recursos, tanto personales como materiales, reduce esfuerzos y dificulta la consecución de objetivos sí tratamos de mantener un proyecto de actuaciones de acción social amplio.
Se equivocan los que creen que la diversidad de actividades sociales son positivas para la consecución de los fines políticos, porque si bien de forma personal se pueden recibir reconocimientos personales de determinados sectores sociales marginales como de sectores minoritarios culturalmente frente a ideas preconcebidas en contra nuestra, se descuida la acción política general de la organización para el resto de la comunidad política.
La creación de asociaciones de carácter deportivo, caritativas o de auxilio social, recreativas o de participación social bajo el signo de la Falange lo que la convierten es en una organización de carácter totalitario, en la misma medida que intenta politizar todos los ámbitos de la vida social desde el nacional-sindicalismo. Estos mismos grupos son los que, a la vez, critican del nacional-socialismo su carácter totalitario al extender a toda la sociedad las estructuras de la organización política.
Es sano, saludable y además recomendable social y personalmente, que los militantes de la Falange tengan vida social más allá de las paredes de su local, para evitar la endogamia y el carácter sectario que adquieren creando organizaciones cerradas. Se debe de participar en asociaciones sociales, religiosas, deportivas, recreativas, familiares o, incluso, de carácter lúdico, pero sin darle un marchamo falangista, lo que no significa ocultar las convicciones políticas personales y ofrecer un ejemplo de estilo de vida, pero tampoco una politización de toda actividad social.
- Y, finalmente, por la no incompatibilidad de la acción política con la vida personal y la pertenencia a cualquier otro grupo social distinto a la organización política. Se tiene que participar en asociaciones de padres, en colegios profesionales, en asociaciones de vecinos, en clubs deportivos, en asociaciones de interés local y cualquier otra que se precie, pero sin intentar hacer entidades paralelas o la absorción de estas entidades. Los ciudadanos que participan en estas organizaciones, cada vez están más enfrentados a los intentos de politización que sufren de los partidos políticos, que intentan someterlos desde el clientelismo que supone la financiación económica y la dotación de medios para sus fines. No debemos hacer lo mismo.
Por tanto, creo que toda acción social que se intenta realizar desde la Organización es un límite y un impedimento para realizar actividades políticas dirigidas a la comunidad nacional, que, a la vez, beneficia al sistema al dividir nuestros esfuerzos y minimizar y multiplicar nuestros objetivos, no por ello más sencillos de alcanzar.
Decir, finalmente, para cerrar este apartado sobre acción política y/o acción social, que un capitulo importante es el de la acción cultural, que es también acción política, y que no se trata sólo de actitudes autocomplacientes y acomodaticias, pues la acción cultural tiene muchos frentes como el desarrollo doctrinal, la adecuación ideológica a la actualidad, la defensa de la historia y de nuestra memoria, la formación política de la militancia y la respuesta alternativa a los valores dominantes en nuestro sistema de democracia partitocrática.
Razones del fracaso político de la Falange.
El motivo fundamental del cambio de estrategia, cambiar la acción política por la acción social, se debe al fracaso más que manifiesto de estos últimos treinta y cinco años, si nos atenemos a los resultados prácticos en política.
Cero representantes sindicales, cero concejales, cero diputados autonómicos, cero diputados y senadores y cero eurodiputados. Por tanto, cero participación sindical, cero participación local, cero participación autonómica, cero participación parlamentaria, cero participación institucional en el Consejo General del Poder Judicial, en el Consejo de Estado, en el Tribunal Constitucional, en el Consejo Económico y Social y demás instituciones, organismos y entes del estado.
Los resultados son apabullantes, por lo que cualquiera que quiera dedicarse a la política dentro de la Falange debería de pensar en dar un giro copernicano a su vida. En la Falange no se está para hacer en ella una carrera política, quien lo haya pensado está más que "herrado". En la Falange se está para servir. Parece mentirá que lecciones como estas ya las diera José Antonio en los años treinta y parece que han sido olvidadas por muchos, en especial, por los joseantonianos.
A la Falange se viene a servir con disciplina en una misión que no es otra que la de servir a España, como unidad de destino en lo universal, desde una nueva estructura social que permita el desarrollo personal del hombre, del ciudadano, desde la libertad, la dignidad y la integridad personal, conforme a la exigencia de criterios de justicia social, que se deben de estructurar socialmente desde lo privado, en la familia; desde lo socio-laboral, en el sindicato y desde la convivencia social, en el municipio. Y todo ello ha de emprenderse desde un instrumento que es la Falange, como movimiento político. En la Falange no se está para hacer política, se está para hacer España, Política con mayúsculas, no a defender intereses particulares, individuales o privilegios sociales.
Hay quienes ante esta concatenación de palabras o palabros, dicen que se deben cambiar por estar trasnochados, ser difíciles de entender o por representar conceptos vacíos. Entiendo que eso no es así, lo que puede suceder es que sea una de estas tres causas, que vamos a enumerar, o mejor, la combinación de las tres de forma conjunta e inseparable:
- Que fruto de la decadencia de nuestro sistema educativo los registros cognoscitivos de los españoles sean cada día más limitados - por cierto, como quiere el sistema- y que cada día los españoles tengamos menor capacidad de abstracción y de comprensión en todos los ámbitos.
- Que seamos incapaces de explicar lo que significa el nacional-sindicalismo, bien por falta de formación, como por falta de capacidad expositiva y/o de comprensión terminológica.
- Que los valores políticos que representamos no es que no estén de moda, sino que están en amplio retroceso, además de ridiculizados y perseguidos y no tengamos ni el carácter, ni la personalidad de saberlos defender.
Las fuerzas políticas dominantes, liberales y progresistas, también tiene sus propios palabros, su propia terminología política con la que exponer su discurso político y no creo que la mayoría de la sociedad comprenda su significado o, al menos, a pesar de su reiteración, en toda su extensión y significado, pero socialmente se acatan como dogmas de fe de un nuevo catecismo de lo políticamente correcto.
Así, el liberalismo utiliza los conceptos de: sociedad civil, mercado, tercera vía, globalización de la economía, aldea global, deslocalización, flexibilidad laboral, liberación de los mercados, desregularización normativa, desestatalización de la actividad económica, externalización de servicios, democratización de los pueblos, sin perder de vista los términos clásicos del sistema liberal, como: individuo, iniciativa privada, libertad de empresa, propiedad privada, pluralismo ideológico, derechos individuales, democracia liberal o consenso político.
Al mismo tiempo el progresismo no es ajeno, sino que antes al contrario es especialista en crear jergas político ideológicas propias, con términos, como: multiculturalidad, movimientos populares, diversidad, mestizaje social y cultural, reinserción social, democratización de las instituciones, participación ciudadana, transversalidad social, pacifismo, antiglobalización, movimientos vecinales, política de cuotas, ecologismo, cambio climático, laicismo, feminismo, sin olvidar los conceptos del marxismo: materialismo histórico, materialismo científico, lucha de clases, proletariado, alienación religiosa, vanguardia revolucionaria, dictadura del proletariado, democracia popular, sociedad comunista, plus-valía, socialización o nomenclatura.
Todos estos términos y conceptos que tiene su pequeño esfuerzo intelectual de abstracción y de comprensión, además de otros no enunciados por economía de medios, han sido introducidos socialmente por los medios de comunicación y por los referentes culturales dominantes, siendo plenamente admitidos aunque no sean comprendidos plenamente por todos los miembros de la comunidad, lo que no necesariamente significa que la dominación de estos valores parta de su comprensión por todos los ciudadanos.
El primer fracaso lo tenemos cuando renunciamos a nuestros propio conceptos, que necesariamente representan nuestros valores, para pasar a jugar en el campo del adversario dentro de su propia dialéctica política y bajo sus normas de juego.
No obstante, se afirma que el fracaso se encuentra en la falta de una estrategia política adecuada, en la división interna de las diversas organizaciones, en la vinculación al pasado histórico de sus símbolos, consignas y retórica política, así como, en definitiva, en la inoperatividad de la acción revolucionaria. Estas más bien, creo yo, son consecuencias del fracaso de la acción política.
Las causas auténticas del fracaso se sitúan hace treinta y cinco años, cuando se produjo el cambio del sistema político, por las circunstancias en las que éste se produjo, con el predominio mundial del liberalismo y del comunismo, por la falta de autoridad y liderazgo político, por la falta de la generación perdida, por el dominio de valores materialistas en la sociedad, por la falta de medios de comunicación que propagasen nuestro discurso, por la inexistencia de medios económicos que financiasen la actividad política y por la sacralización del mensaje político de la Falange.
La transición política del régimen franquista -que, en algún momento, acepto nominalmente el concepto del nacional-sindicalismo, no así en el fondo de sus estructuras internas -, al sistema constitucional partitocrático actual, se produjo en el entorno internacional de la Guerra Fría, en donde se debatía la preponderancia mundial entre el sistema liberal capitalista y el sistema del socialismo real. Poco podían permitir apoyos externos para su desarrollo político y modelos económicos y sociales para imitar el nacional-sindicalismo incipiente. La caída del muro de Berlín y la consecuente caída de los países del Telón de Acero han consolidado la hegemonía mundial liberalismo sin permitir la más mínima opción a otra alternativa política.
La falta de autoridad y liderazgo político dentro de este momento histórico es causa, igualmente, del fracaso político. No hay que confundir la falta de autoridad y liderazgo, con el mesianismo político o con el caudillismo personal. La autoridad y liderazgo la podemos echar en falta no sólo de un hombre, sino también de un grupo de dirigentes que hubiesen expuesto las bases de actuación política, el programa ideológico, la adecuación al momento histórico, la estrategia a seguir y reunir la capacidad de concitar los medios y personas necesarias para emprender la acción política.
Clave fue también la desaparición, durante la transición, de una generación de políticos entre los treinta y cincuenta años, la generación del desarrollismo, que se desvinculó del nacional-sindicalismo, salvo honradísimas excepciones. Así la Falange de entonces se cubrió con sexagenarios y septuagenarios y de una muchachería que no llegaba a la veintena. Es decir, las generaciones que por edad ya no están en las decisiones políticas y económicas, como en la dirección de la actividad productiva y en el protagonismo social o las que todavía se encuentran en proceso de formación y madurez.
Es importantísimo observar también el cambio de valores de la sociedad española, que tan poco se identifica con los valores del nacional-sindicalismo y que con el desarrollismo del franquismo se produjo, alejándose los españoles de sus valores tradicionales y desprendiéndose de ellos, para pasar a un pragmatismo social que dará paso seguidamente a un relativismo moral, que hará posteriormente predominar los principios materialistas dominantes actualmente en nuestra sociedad.
Los medios de comunicación social, que son esenciales en una sociedad de masas como la actual, no ya sólo no dieron cabida al nacional-sindicalismo, sino que lo combatieron allí donde pudieron y persiguieron a los pocos, por no decir inexistentes, medios afines. Es curioso recordar como en la dirección de aquellos medios tan combativos con la Falange estaban -y están- antiguos "camaradas" en el franquismo. De esta manera el discurso falangista fue silenciado.
A todo esto se añadió la falta de medios económicos de financiación, que no permitió desarrollar en igualdad de condiciones la actividad política al carecer de sedes o locales, medios propios de difusión y material de propaganda electoral para la acción política, medios que el resto de formaciones políticas obtenían a través donaciones internas y externas, por financiación de las administraciones públicas y por prestamos bancarios.
Y, finalmente, la sacralización durante el franquismo, tanto desde el Movimiento como desde las organizaciones opositoras al oficialismo, de la figura de José Antonio, reduciendo el nacional-sindicalismo al mensaje edulcorado del dirigente falangista, limando todas las asperezas posibles y adecuándolo siempre a los valores dominantes del momento, los cuales han presentado a un José Antonio buenista y modernizado, en su sentido más peyorativo y despersonalizado, adaptándolo a lo políticamente correcto del régimen partitocrático actual.
Y para cerrar ésta primera entrega de unas reflexiones que someto a vuestro criterio, no podemos dejar pasar desapercibida la existencia de la gran masa humana que compone el pueblo español, que vive ensimismada, despolitizada, desmovilizada, que se deja pastorear por la clase política, aunque sea contrario a sus principios e incluso a sus intereses, que evita los problemas, que detesta tener que identificarse y tomar partido, que prefiere que se les den hechas las cosas, aunque con derecho a queja y comentario de tertulia entre amigos y descalificación generalizada de todo y de todos y que solo siente conmovido su sentimiento nacional con la aparición de la selección nacional de fútbol, el tenis o algún que otro deportista de élite.

elobeygrande dijo
Magnífico el artículo y las reflesiones que se hacen.
Espero la segunda parte con ansiedad.
Cafe
Fuerza y Honor
26 Febrero 2010 | 09:32 AM